ALGO DE HISTORIA

Águilas, como ciudad moderna, nació del pensamiento ilustrado de Carlos III y sus ministros Aranda y Floridablanca. En aquella época, Lorca buscaba un puerto de salida para los productos hortofrutícolas que producía su vega, por lo que Águilas constituía la salida natural de toda la comarca. El conde de Floridablanca, Aranda, Villanueva y otros se pusieron manos a la obra, y en 1785 Águilas nació como ciudad portuaria, de trazado rectilíneo, buscando la comodidad y la eficacia ilustrada.

Atrás quedaban las épocas musulmana, romana, fenicia, argárica y paleolítica, que numerosos restos arqueológicos aportaron; sobre todo, restos romanos del siglo I al IV, entre los que destacan unas termas que han dado origen a múltiples elucubraciones, teorías e incluso leyendas, que citaban Águilas como la antigua "Urci" y que, aún ahora, hay serias disputas entre estudiosos locales para fijar su localización exacta.

La realidad es que, antes y ahora, Águilas es una ciudad abierta al mar Mediterráneo, que se asoma a través de del promontorio del castillo de San Juan de las Águilas (s. XVI) a un mar que ha sido, a lo largo de su historia, la verdadera razón de ser de esta población. Casi todo su patrimonio histórico tiene una vinculación especialísima con la costa, ya que a través de ella llegaban las ideas, la economía y los peligros. Bastiones defensivos, como el castillo de san Juan, aunque a menor escala, se extienden por toda su litoral. La Torre de Cope (s. XVI) y el castillo de San Juan de los Terreros (provincia de Almería), construido a imagen y semejanza de la fortaleza de San Juan de las Águilas, son testigos fieles (y restaurados) de las turbulencias de una época ya pasada, en la que la convivencia entre los pueblos no era nada fácil.

Águilas se convirtió en enclave comercial en auge, alcanzando su punto álgido en el s. XIX con las explotaciones de plata, plomo e hierro de las sierras cercanas, como muestra del esplendor de aquella época se pueden encontrar el Embarcadero de mineral del Hornillo, el Monumento al Ferrocarril, y algunos edificios en el centro de la ciudad.

Sin embargo, Águilas ha conocido, desde entonces, muchos altibajos hasta llegar a lo que hoy conocemos. Efectivamente, la ciudad posee muchos encantos que la distinguen de otras similares en la franja litoral entre Cartagena y Almería. Águilas no es una ciudad polucionada por la actividad industrial y su núcleo urbano se mantiene constante durante el invierno, ya que la ciudad posee vida propia durante todo el año, gracias a su actividad agrícola y turística, que mantiene una población estable, en torno a los 27.000 habitantes.

Su actividad principal es la exportación de productos hortofrutícolas que produce su entorno rural, a la vez que ofrece unas condiciones climáticas inmejorables para el desarrollo de la industria turística. De hecho, Águilas alcanza los 150.000 habitantes en la época de mayor apogeo estival. Las temperaturas y las características de su costa la convierten en un lugar con unas perspectivas de crecimiento turístico inigualables, basado, fundamentalmente, en su litoral virgen de edificaciones y en un medio ambiente que defienden políticas de futuro, como la creación del Parque Natural de Cabo Cope-Calnegre.

La costa, el mar, la sierra, el medio rural, la ciudad, sus monumentos, sus gentes y su estilo de vida son el mayor atractivo de esta ciudad, que acoge al que lo visita con el sentimiento hospitalario de la gente mediterránea.

 

Autor: Ramón Román


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